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Epitafio que no es para siempre |Opciones y decisiones por: Francisco Javier Chávez Santillán 

Opciones y decisiones 

Epitafio que no es para siempre 

A ley muerta, ley puesta. Así parece leerse el epitafio de la inscripción aún no garrapateada de lo que no ha querido aceptarse como una derrota parlamentaria, en el protocolo de votación del Congreso de la Unión. La iniciativa de reforma electoral enviada por el Poder Ejecutivo no prosperó. Los leds de los paneles digitales del recinto legislativo de la Cámara de Diputados así lo indicaron. La mayoría calificada no se alcanzó. 

Acto seguido, el remitente de la iniciativa pronuncia que no existe una derrota, lo que hay es el cumplimiento de un compromiso de campaña que así es cumplido, y que las bancadas y partidos políticos allí representados votaron como han votado. Simplemente dicho, el proyecto presentado al pleno y votado, resulta desechado. ¡Ah! Pero la voluntad de una promulgación sui generis permanece incólume. Traducido al lenguaje vernáculo, como dice el adagio angloamericano, the birds of the same feather flight together (los pájaros del mismo plumaje vuelan juntos) y ahora dos parvadas no lo hicieron. Y más claro aún, transido este golpe legislativo maestro, ahora se trata de identificar a horse of totally different color (a un caballo de totalmente un pelaje diferente). Por lo que, el corcel que ya cabalgó, ahora será reemplazado por otro de muy diferente color. ¿Cuál será? 

En una somera relectura del controvertido evento, salta a la vista la idea clara y distinta de contumacia: tenacidad y dureza en mantener un error (DEM.Diccionario del Español de México). Actitud de quien se resiste a cambiar su comportamiento o su manera de pensar, a pesar de algún buen argumento en su contra, de algún consejo, advertencia o recomendación: “Lo preocupante es la contumacia de la administración tributaria en esa actitud de extrema dureza”.

Si la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo -y su círculo rojo de Palacio- insisten con obstinación en reformar el sistema electoral, mediante reglas bajo el maquillaje del mismo aspecto  constituido aquel durante décadas para nuestra República (que puede leerse como “su contumacia en defender una postura errónea dificultó el diálogo”), es apropiado preguntar: ¿contra quién o contra qué colectivo de la formación social mexicana es su rivalidad? 

Pregunta que se sostiene sobre su confesión pública, “nosotros no nos rendimos”, “vamos por el Plan B”… Recién desechada su iniciativa de reforma electoral este 11 de marzo, mostró una faz ya reeditada en su cuarta versión -nótese el emplasto-, a partir del originario Plan A (2022), en la materia, de AMLO. La sucesión matemática no es tema, como rifle de repetición al B-C-A de la continuidad Sheinbaum, ergo 4° nivel de maquillaje que ahora pende de su 5° tinte de coloración del mismo aspecto. Lo que nos recuerda uno de los principios fundamentales de la Lógica clásica, el de contradicción: “Ninguna cosa puede ser y no ser al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto”. Lo que al ojo avizor de una crítica racional no deja pasar como una mala o pésima restauración… evoque usted sus mejores memorias. 

Aquí estamos. El gobierno maquillista inhábil de un régimen que se obstina, no en cumplir y hacer cumplir lo que manda la norma normante y no normada a su vez (entiéndase Constitución), sino en imponer su terca voluntad de sublimar en ley suprema, lo que no es otra cosa que simple y transparente imposición autoritaria. Ya habló la voz acreditada del Congreso Federal, la propuesta obtuvo 259 votos a favor, casi todos del oficialismo, y 234 en contra. Al gusto del respetable se traduce en la diferencia de sus cocientes por 1.0312 puntos de diferencia, que deja la iniciativa en un impasse. ¿En dónde está la “voz del pueblo” que quiere obstinadamente esa voluntad de cambio? La respuesta es simple y llana, no hay tal. Lo que prevalece es el voluntarismo (RAE) cerrilista de Morena, para imponer el corset ajustado con que quiere revestir a los partidos adversos. 

Esta obcecación lo que revela es querer rendir tributo a una ideología que, por definición, es atípica; lo que puede traducirse en una visión del mundo cuyo horizonte es muy corto y no alcanza el grado de sistema. De hecho, sus seguidores adoptan como posición fundamental la de que su cosmovisión sea anti-sistémica y, por tanto, sin una integración armoniosa que encuentre la unidad de todas sus partes; para poder tenerse como un todo acabado y coherente. En el lenguaje de Antonio Gramsci, se trata de entender la ideología como ética militante, lo que implica verla como una herramienta fundamental en la lucha por la hegemonía. Desde esta perspectiva probablemente sí habremos de ver el hilo conductor de lo que hoy profesa contumazmente la facción morenista en su práctica política. A este objetivo, sí podremos estar atentos, para destrabar el nudo gordiano con el que estamos siendo confrontados, hoy. ¿Tendrá un mañana? 

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