Opciones y decisiones
Espíritu de revitalización
Estamos viviendo entre fiestas, acabamos de incorporar un fin de semana largo el día lunes 16 de marzo por el Natalicio de Benito Juárez, y en apenas tres fines de semana más estaremos celebrando la Pascua de 2026, trece días para situarnos en la Semana Santa. Y parece que fue ayer que iniciamos con la celebración del Carnaval en esta temporada de secas en el centro de México, a partir de los días 10 y 12 de febrero para Veracruz y Mazatlán. Los estudiosos de la Sociología han convenido en identificar el carnaval con la evocación de su sentido original y socialmente más poderoso, en que se instala como una fiesta de revitalización de la comunidad, que pide el favor divino para que las siembras y productos de este año sean fecundos, abundantes y satisfagan ese gran anhelo del imaginario colectivo que es el auto-abasto y, con él, la satisfacción de las necesidades primordiales de la comunidad.
Notas que hacen de él una celebración de la fecundidad, la fertilidad y la seguridad colectiva de contar con el pleno sustento familiar; de manera que se convierte ante todo en una celebración vital del cuerpo, y por extensión se hace fiesta de la sensualidad, del placer, que se muestra en los cuerpos semidesnudos, sobre todo de la mujer; la transgresión simbólica también diluye la diferencia de género, por lo que se parodia el comportamiento femenino y masculino. En el fondo, su representación simbólica trata del rompimiento del orden establecido, de ahí la mofa a todo lo que parezca representación de la realeza y/o de toda autoridad instituida, que abarca lo político y lo religioso -en sus personajes popularmente más destacados-. Su ruptura incluye también el tiempo rutinario de la vida cotidiana, se instala el ocio y la diversión, para romper la solemnidad de las horas y las conductas, que se sazonan con las bebidas alcohólicas y sabrosos postres. Por todas estas notas distintivas, los analistas convienen en decir que si el Carnaval se extendiera, quedaría instalada una revolución en acto.
Sólo para aquilatar qué tanto hemos avanzado en la transformación de nuestras tradiciones, usos y prácticas comunitarias, me permito traer a nuestra memoria colectiva cómo vivíamos una temporada como ésta hace un cuarto de siglo. Me refiero a la realización de una cumbre política que se realizó en fechas similares a las presentes, sea: aquella que se dijo dio origen al “Espíritu de Guanajuato” (Cfr. Nota mía: LJA.MX. Deteniendo la historia. Sábado 01 de Marzo, 2014). Principios del año 2000, con el propósito de instalar una “Alianza para la Prosperidad”, cuyo contenido esencial fue emitido en la declaración de los presidentes George W. Bush, de Estados Unidos, y Vicente Fox Quesada, de México, que se cifró en lo siguiente:
Anclar esta nueva proximidad en dos grandes valores: la democracia y los derechos humanos; bajo los siguientes puntos: (1) Primer compromiso, ratificar el libre comercio como “palanca del crecimiento económico y un desarrollo incluyente”, en ello cifran la calidad de “una relación plena, madura y equitativa”. (2) El primer reto a vencer, cerrar la gran brecha que separa a las personas de uno y otro lado de la frontera norte, y que caracteriza el desnivel económico logrado entre ambos pueblos. Bajo esta óptica, revisar el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), el que junto con Canadá habrá de reenfocar sus mutuos beneficios hacia las zonas menos desarrolladas de la región y a favor de sus grupos más vulnerables. Se alude a la política fiscal en uso, que habrá de reformarse bajo el criterio dominante de bajas tasas de inflación y la consolidación de los sistemas financieros.
El punto central de la migración exige: establecer “un esquema ordenado de flujos migratorios que garantice un trato humano, seguridad jurídica y condiciones de empleo dignas a los migrantes”; y se propone “iniciar, a la brevedad, negociaciones formales de alto nivel tendientes a alcanzar acuerdos… (asunto aún pendiente con el presidente Obama). (4) Ambos presidentes acuerdan actuar en el combate contra la violencia, mediante una comisión binacional; y resolver como primer punto el tema del transporte transfronterizo.
Definen el narcotráfico, el consumo de drogas ilícitas y el crimen organizado que lo hace posible, como “amenazas de primer orden para el bienestar de nuestra sociedades”. Y para combatirlo declaran: “debemos fortalecer nuestras respectivas estrategias e instituciones de procuración, así como fomentar una cooperación bilateral y multilateral de mayor confianza mutua”; cuyo propósito es: “Nos proponemos reducir la demanda de drogas y eliminar a las organizaciones de narcotraficantes, respetando siempre la jurisdicción de cada nación”.
En el tema energético, acuerdan: asumir el enfoque del TLCAN junto con Canadá: “Desarrollaremos un enfoque de América del Norte con respecto al tema de los recursos energéticos”. (7) En lo socio-cultural: Aumentaremos los intercambios y becas profesionales que contribuyan a desarrollar el capital humano y “fomentar el respeto por la herencia cultural de cada país”. (8) Una política de cooperación “en el ámbito de la ciencia, la tecnología y la protección del medio ambiente, ya que de ello depende nuestro progreso económico y el bienestar de nuestros pueblos”.
Finalmente, enmarcan esta relación bilateral en una perspectiva continental y de asuntos hemisféricos, incluyente de la Cumbre de las Américas. Fincan un modo de actuar “como amigos y con un espíritu de respeto y confianza mutua”.
Espíritu que transcurridos veinticinco años podemos encontrar no tan sólo familiar, sino deseable en todos sus renglones descritos; sobre todo en que experimentamos una profunda desazón de sabernos entre guerras calientes, incluyendo las que vive México con el narco, aunque no sean declaradas, pero sí en permanente asedio, todas con desenlaces inciertos e impredecibles.
Visto lo cual, es oportuno rescatar el imperativo categórico universal de “haz el bien y evita el mal”. Que la Filosofía de la Trascendencia nos propone como: 5) Bonum / el Bien, la Bondad. Luz intelectual que proviene de la suprema idea del Espacio. Un proceso futuro de integración, unidad y plenitud, atreviéndonos a tomar como base de lanzamiento a lo uno, lo unificado, lo abundante. Este quinto trascendental constituiría, precisamente, nuestra meta y objetivo programático por alcanzar. Es decir, el plan exigible para instaurar un gobierno de pleno desarrollo. De manera que sólo una visión integral, de unidad y plenitud que finalmente busque la obtención de la abundancia, no la precondición de la carencia, será la que reconcilie al país, como verdadera Nación unificada y libre.




