Cosas Veredes
¿Qué sigue?
Tal parece que ya está decidido el destino de la iniciativa presidencial para una nueva reforma electoral. Según los dichos de los liderazgos de las bancadas mayoritaria, aliadas y opositoras, por estos días será votada en el pleno y al no obtener la mayoría calificada, será desechada y se ordenará su archivo definitivo.
Ante la opinión pública, la presidenta Sheinbaum habrá cumplido su promesa de campaña de promover los cambios legislativos para desaparecer los cargos plurinominales de elección popular, y la reducción de costos del sistema electoral, sin embargo en su cuarto de guerra se deberá evaluar por una parte el trabajo que llevó a cabo la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral que recorrió el país con el encargo de procesar la iniciativa en comento; y por la otra los pasos a seguir en esa materia.
Para nadie escapa a estas alturas de los procesos políticos, que la elaboración de una iniciativa para realizar cambios políticos profundos, no es solo un ejercicio técnico de redacción jurídica legislativa, pues eso lo puede hacer la consejería jurídica con un equipo de asesores especializados y no requiere una comisión especial.
Si se creó por decreto presidencial un órgano político especializado fue para que se trabajara si en la elaboración de un proyecto legislativo, pero sobre todo en lo que se conceptualiza como construcción de una propuesta política, cuyos primeros rasgos siempre debieran ser, tanto su viabilidad de ser aprobada como su impacto en la vida pública del país.
Generalmente, las reformas constitucionales y legales de gran calado comienzan por definir sus principales coordenadas y líneas más generales con el bloque de fuerzas representativas que la promueven y que la conducirán hasta su aprobación e implementación. Posteriormente se pasa al diseño y a ampliar la base política de respaldo.
Tal vez el ejemplo clásico en la materia, sea el de la reforma política de 1977: definido el objetivo de ampliar la base democrática del régimen, se construyó el consenso básico estratégico con las fuerzas políticas necesarias para que transitara, y luego se procedió al diseño en concreto que tampoco fue sencillo en aquella época.
En el caso de la reforma electoral anunciada desde la campaña de 2024, y encargada a la comisión especial en agosto del 2025, el procedimiento fue al revés; primero se llevó a cabo una gran gira por el país con más de 100 audiencias públicas, y solo en la etapa final, ya en enero del 2026, se iniciaron los diálogos para integrar el consenso estratégico con las demás fuerzas políticas aliadas de Morena.
En el proceso de elaboración de la iniciativa, siempre existió la duda de hasta donde se podrían modificar los mecanismos del sistema electoral y la conformación de los poderes legislativos y los ayuntamientos, cuando era bien sabido que de eso dependía el apoyo necesario para ser aprobada. Se especulaba si la cirugía sería mayor eliminando todo el sistema de elección por representación proporcional, o si sería matizada de manera que fuera aceptable para los partidos aliados.
Finalmente se optó por proponer que se mantuviera la representación proporcional, modificando de fondo sus mecanismos de operación y asignación, de manera tal que se privilegiaría a los partidos competitivos con estructuras orgánicas territoriales, que tuvieran capacidad para ganar mayorías, grandes minorías u orientar el voto a favor de candidatos específicos en grandes circunscripciones electorales.
Cuando se confirmó que los partidos aliados de la 4T, PVEM y PT, fueron los primeros en oponerse a los aspectos sustantivos de la propuesta presidencial, se confirmó aquella vieja conseja mexicana: “en política no hay sorpresas sino sorprendidos”.
En esa misma línea del pragmatismo político, esos aliados, especialmente el PT, que han sido leales al liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, desde el año 2000, saben qué a partir de oposición a la iniciativa presidencial, su papel en la alianza seguirá siendo necesario, pero el trato ya no será el mismo.
Para el PT y PVEM será un reto mantener su presencia política con mayor esfuerzo y trabajo propio, pues es muy probable que en los comicios de 2027 aparezcan en la boleta dos nuevos aliados de Morena, el Partido PAZ integrado por grupos de la CATEM y el viejo PES, y el Partido Que Siga la Democracia (PQSD), que en todo momento han señalado sus coincidencias con la 4T.
El tiempo y los acontecimientos dilucidarán si los trabajos de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral fueron infructuosos o si fue indispensable recorrer la ruta de esa manera.
Ahora ya mucho se especula acerca de un Plan “B” para la reforma electoral. Si se buscan cambios legislativos, tendrían que ser en leyes secundarias, y aprobados y promulgados a más tardar en el mes de mayo. Podrían incidir en la operación del sistema electoral, sin necesidad de conflictuar la situación política preelectoral, pues el entorno nacional e internacional son es sencillo, y al fin y al cabo el marco electoral vigente ha sido el que permitió a Morena ser el partido más eficiente en la historia de México y América Latina.
@gilbertocarloso




