Cátedra
Aportaciones para la historia de la UAA Serie III-10
Profesor de la Universidad Autónoma de Aguascalientes expulsado de todas sus cátedras por pronunciar un discurso
Semblanza del autor
CASAS DE CULTURA
Cuando llegué a Tegucigalpa en Diciembre de 1960, una novedad fue el encuentro con una institución para mí desconocida: la Casa de la Cultura, cuya función consistía en acercar todas las formas de cultura a la población y no solamente las de carácter artístico como sucedía en Aguascalientes con la Academia de Bellas Artes, que era con lo que contábamos.
Cuando le pregunté al director la fecha de creación me dijo que no la recordaba con exactitud pero que tenía más de diez años. Nosotros la aprovechamos muy bien porque nos facilitaron los espacios que requería nuestra Embajada para colocar varias exposiciones que circulaba por entonces el embajador Miguel Álvarez Acosta, responsable del organismo de Promoción Internacional de Cultura como creo que no hubo otro en aquellas administraciones de la Secretaría de Relaciones Exteriores que eran indiferentes a esas actividades. Recuerdo, sobre todo, la de grabados de mi paisano José Guadalupe Posada que tuvo una gran acogida.
Pero mayor fue mi sorpresa cuando las encontré también en Guatemala y El Salvador, que conocí superficialmente por estar de paso. La de Honduras fue la que conocí mejor y donde facilitaron todo lo necesario a nuestra Embajada para colocar varias exposiciones que circulaba por entonces el embajador Miguel Álvarez Acosta, responsable del organismo de Promoción Internacional de Cultura como creo que no hubo otro en aquellas administraciones de la Secretaría de Relaciones Exteriores que eran indiferentes ante esa forma de fortalecer vínculos con la población local. Recuerdo, sobre todo, la de grabados de José Guadalupe Posada que tuvo una gran acogida.
UNIVERSITARIAS
RUDOLPH P. ATCON. Después de cumplir satisfactoriamente la misión confidencial en Honduras que se le encomendó a Rafael Bernal, designándome su apoyo para lo que fuera menester, como no se cumplió la promesa de regresarnos a México de inmediato y mucho menos la de otorgarnos un ascenso por la ágil cordialidad con la que se resolvió el problema, empecé a recorrer Tegucigalpa, ciudad entre cerros cuyo clima es paradisíaco a sus mil metros sobre el nivel del mar, aparte de que conservaba su aire colonial con muchas de sus calles todavía empedradas; sus coloridos y aromáticos mercados, a disfrutar de su exquisito café en La Italiana, a saborear sus raros pero deliciosos antojitos, sus frutas y sus guisados; la poesía que hay en los nombres de sus pueblos, ciudades, ríos y lagos; el acento tropical de su gente y la cimbreante belleza de sus mujeres.
Me acerqué a la Universidad que se encontraba en el centro de la ciudad y pronto ubiqué a Gustavo Adolfo Aguilar Barahona, quien había sido compañero de mi generación en la UNAM; se mantenía activo en la Universidad y administraba la Librería México.
Universidad Departamental. Con los estudiantes de Economía -que eran los más inquietos- me enteré por la prensa de disturbios que se estaban produciendo en el centro de la ciudad, donde se encontraba la sede de la Universidad en uno de los antiguos edificios.
Los disturbios se debían al avance que un personaje llamado Rudolph P. Atcon realizaba en el sentido de “modernizar” la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, pretendiendo clausurar el tipo tradicional latinoamericano de Universidad para transformarla en una Universidad Departamental -estilo desconocido para mí- con la que estaban de acuerdo los niños bien pero en contra la mayoría, que lo acusaban de que quería agringarla convirtiéndola en una academia de negocios. El asunto me interesó y empecé a investigar, pero me quedé a medias por lo que viene a continuación. Sin embargo, este tema sobre Rudolph Atcon que apenas tocamos, fue para dejar constancia de mi primer encuentro con su por lo visto ingrata presencia. Volveremos a tocarlo en su oportunidad porque fue, de hecho, el fundador secreto de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.
AMÉRICA LATINA. El caso es que después de meses de estar en espera de nuestro regreso a México sin tener la menor señal de la Secretaría de Relaciones Exteriores que se olvidó de nosotros, tanto Rafael como yo habíamos madurado planes para continuar nuestros proyectos personales. Él consiguió el traslado a Japón, estuvo un buen tiempo en Filipinas, punto de arribo y zarpado del Galeón de Manila, donde empezó a escribir su gran obra: El Gran Océano; pero sostuvimos la comunicación permanente y llegamos a vernos en varias ocasiones; incluso una vez estuvo en Aguascalientes. Finalmente fue trasladado a Suiza donde murió, no sin antes publicar su última obra: Mestizaje y Criollismo en la literatura de la Nueva España del Siglo XVI, con la que obtuvo, cum laude, el grado de doctor en Letras.
EL VIAJE. Por mi parte, lo que decidí fue realizar el viaje por América Latina, que llegué a considerar indispensable después de reunir mucha información antes de la redacción final de mi tesis profesional que estaba pendiente, pues había llegado a la conclusión de que conocía nuestra Región solo por libros o por noticias de prensa, pero la estancia en Honduras me había confirmado la necesidad de ir, de estar con su gente, con nuestra gente, de sentir con ellos y en su medio sus necesidades, sus recursos, sus problemas, sus alegrías y tristeza, sus aspiraciones. Así pues, estuve ahorrando lo más que pude y cuando lo consideré oportuno solicité licencia y me preparé para iniciar el viaje.
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“Por la unidad en la diversidad”
Aguascalientes, México, América Latina




