Opciones Y Decisiones
La verdad os hará libres
Apenas iniciado el postdebate a la caída y abatimiento de “El Mencho”, se le cuestionó a la presidenta Claudia Sheinbaum sobre emprender la “guerra contra el narco”. El rechazo de Claudia Sheinbaum a declarar una guerra contra el narcotráfico tras la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, generó críticas de Elon Musk. (Fuente: sdpnoticias. Brenda Martínez. Febrero 23, 2026). A través de X, Elon Musk señaló que “los jefes” de Sheinbaum serían los del crimen organizado. Ella, tras aclarar que Estados Unidos participó en compartir con México información de “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), rechazó que militares extranjeros hayan intervenido en una operación conjunta, la presidenta también rechazó que se declare una guerra contra el narco.
Anteriormente, ya había manifestado esta postura: “Regresar a la guerra contra el Narco, no es opción”. Y abunda: calificó de “ilegal” y “fascista” enfrentar al crimen organizado, asegurando que no está de acuerdo con abatir delincuentes porque prefiere defenderlos bajo el argumento del “estado de derecho”. (Facebook. https://www.facebook.com/watch/?v=1915363306079914)
Cuestiones y respuestas, me temo, que distan mucho de ser el asunto de fondo de este problema estructural y de alcance histórico para la nación mexicana. En verdad, encaminar la discusión por esas avenidas, es transitar por arenas movedizas de falsos dilemas tanto estratégicos como tácticos. Terrenos pantanosos sobre los que Andrés Manuel López Obrador discurrió todo su sexenio, lo que provocó un aparatoso saldo de mortandad y desdicha para el supuesto “pueblo bueno”, un fracaso garrafal en materia de seguridad pública y ciudadana. Que dio espacio al crecimiento y fortalecimiento irrefrenado de los cárteles que operan en el país, incluido particularmente el CJNG de Nemesio O. Cervantes.
Al respecto, es oportuno citar a uno de los clásicos autores acerca del Ars Bellandi (Ars bellandi = Art (=technique) de ponderar una guerra/ o el pelear en una guerra; Arte de Guerrear), me refiero a Sun Tzu, El Arte de la Guerra. Obra en la que sostiene que la guerra es una herramienta de último recurso, costosa y peligrosa, por lo que el verdadero maestro de la estrategia debe priorizar la victoria a través de la inteligencia, la diplomacia y el engaño, antes que mediante la fuerza bruta. En donde, su argumento fundamental -más brillante y destacado- lo formula así: “evitar la declaración de hostilidades es que la excelencia suprema consiste en someter al enemigo sin luchar”.
Y refrenda su convicción. “La estrategia principal es quebrar la resistencia enemiga mediante la planificación, la manipulación de la percepción y la creación de una superioridad estratégica tal que la lucha directa sea innecesaria”.
Ya el solo enunciado de su principio fundamental torna superfluo e innecesario el debate miope sobre hacer o no hacer la guerra, recurriendo a dilemas falsamente planteados. En efecto, argumentar a priori que la guerra consista forzosamente en “abatir delincuentes”, o que vaya contra las leyes -genuinamente emitidas-; o peor aún, que “defender la vida del criminal sea un mandato de Ley” que esté consagrado como “estado de Derecho”; como también, afirmar que no pelear contra el crimen organizado equivale a que éste sea su mandatario real… Todos son argumentos de falsos dilemas y, por tanto, constituyen auténticos sofismas.
El asunto de fondo no está en debatir sobre el imperativo de hacer o no hacer la guerra. El verdadero principio del Estado de Derecho consiste en la protección y salvaguarda de la vida, especialmente del respeto irrestricto a la vida inocente. Y esta es la vida de las y los ciudadanos que conforman la población de la Nación total (no fragmentaria entre afines y adversarios). Este sí es el imperativo categórico que consagra la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; principio de vida al que se suman todos los demás derechos tanto personales o individuales como sociales. Por lo que la afectación sistémica -por la violencia armada y el poder económico ilegal- del crimen organizado a todos y cada uno de estos derechos constitucionales constituye el núcleo de la afrenta a toda la estructuración y dinámica de la sociedad total de México.
Sobre esta evidente y ostensible agresión contra la vida, bienes, valores y principios consagrados por el mandato de Ley, especialmente por la Ley Normante y no Normada a su vez, que es la Constitución Política, el Derecho Positivo, promulgado de la Nación y todo el corpus jurídico pactado mediante Tratados Internacionales constituyen el verdadero imperativo -no negociable- de nuestro país Libre y Soberano, para proteger y fomentar la vida en todas sus modalidades, cabe su cobertura. Lo otro, son discusiones inútiles, sesgadas, superfluas. En breve, argumentos falsos o meros sofismas. El Estado de Derecho está perfectamente -hasta donde no ha sido trastocado o tergiversado- identificado y determinado.
El autor que venimos examinando, Sun Tzu en El Arte de la Guerra, desglosa para mayor precisión su argumento maestro:
- Someter sin batallas es la máxima maestría: Sun Tzu afirma: “Aquel que destaca no es el que gana cien batallas, sino el que somete al enemigo sin luchar”. La victoria completa se logra cuando el ejército enemigo se rinde “sin que su ciudad sea asediada o su ejército destruido”, lo que preserva recursos y vida.
- La jerarquía del ataque: La forma más inteligente de ganar es atacar la estrategia o planes del enemigo, seguido de destruir sus alianzas, y en tercer lugar atacar sus tropas en el campo. El ataque a las fortificaciones (la guerra abierta) es el último recurso, pues desgasta recursos, tiempo y vidas, agotando a menudo al propio atacante.
- Evitar la guerra prolongada: Las hostilidades directas suelen llevar a la “guerra prolongada”, que Sun Tzu advierte que agota el tesoro del estado, desmoraliza al ejército y permite que otros enemigos aprovechen la debilidad.
- Preservar para ganar: El objetivo no es solo ganar, sino ganar con la nación y el ejército enemigo intactos para poder utilizarlos. Destruir todo a su paso conlleva una victoria vacía.
Este tipo de razonamiento, lamentablemente, no se discute, no se plantea, y por lo tanto no se convierte en planeación estratégica real y operacional. En cambio, los distractores abundan: “abrazos no balazos”, el humanismo justifica la no intervención, “ellos también son humanos”, los derechos universales les aplican. De la flagrante transgresión, no se habla; de la sistemática agresión armada a población inerme, no se habla; de impunidad ilimitada, no se habla; por tanto, de permiso para matar, no se habla; de explotar a los productores, no se habla; de la extorsión a población abierta, no se habla; de perdones judiciales infundados, no se habla; etc. Ergo, un estado pantanoso, de arenas movedizas priva al resto de la sociedad.
En conclusión, sí debemos someter al juicio estratégico de El Arte de la Guerra nuestra deliberación acerca del desbocado actuar del crimen organizado en la sociedad mexicana. Tenemos que superar los sofismas para no actuar, a la luz del imperativo bioético de asegurar la protección de la vida e impulsar su genuino desarrollo, sin cortapisas mentales sobre cómo no intervenir sobre la violencia irrefrenada del crimen organizado. Es imperativo irrefrenable desactivar la violencia y fomentar la paz verdadera, como ya se ha convertido en genuina bandera social: con justicia y dignidad.
franvier2013@gmail.com




