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martes, marzo 10, 2026

Reformas legislativas, ganancias partidistas / De política, una opinión

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Con el avance del tiempo del primer año de la administración del presidente Enrique Peña, está siendo posible identificar estrategias políticas e intereses partidistas; el objetivo del Pacto por México, también se ha ido aclarando cada vez más. Del presidencialismo priista, caracterizado por el corporativismo autoritario, estamos caminando hacia un nuevo presidencialismo priista, caracterizado por el partidismo autoritario.

Como planteamiento inicial, podemos considerar que el descarrilamiento del Instituto Federal Electoral se inicia en el año 2007. La discusión acerca del resultado electoral de la elección presidencial de 2006, no ha terminado todavía, desafortunadamente; no obstante la transparente actuación de aquel Consejo General del IFE, presidido por Luis Carlos Ugalde, que precisó y sostuvo los acuerdos tomados con los partidos políticos, no tuvo la misma correspondencia de todos los partidos.

El escenario político resultante de la elección presidencial marcó los siguientes hechos: Felipe Calderón, candidato del PAN, tuvo pocos votos más que Andrés Manuel López Obrador, candidato del PRD; el candidato perdedor inició una movilización nacional en contra de la legitimidad de la elección presidencial; y, el PRI inició un proceso político de socavamiento de la institucionalidad de la república.

El segundo hecho, no obstante su permanencia durante toda la administración del presidente Calderón, no impidió que el gobierno federal tuviera un buen desempeño para el país en muchas áreas programáticas, a pesar de los cuestionamientos que se hicieron, en algunos casos justificados. Termina su administración con buenas cuentas en muchos rubros, y con malas cuentas en el de la violencia de la delincuencia organizada.

El tercer hecho, del proceso político de socavamiento de la institucionalidad de la república iniciado por el PRI, estuvo presente, también, durante toda la administración del presidente Calderón. Convengo en que este hecho sea relativo y altamente discutible –que será rechazado por los militantes-; sin embargo, la actuación del PRI, desde esta consideración, caminó por ese sendero, y lo hizo de una manera “encubierta”, al estilo tradicional priista.

Capitalizó el resultado de la elección presidencial para asumir una mañosa posición de “tercero en discordia”, buscando convertirse en el fiel de la balanza ante el conflicto entre el movimiento del candidato perdedor y la administración del presidente Calderón. La debacle que vivió el PRI después de la derrota electoral del año 2000, terminó en el año 2006, al caer en la cuenta de que la desunión interna no les permitiría recuperar la presidencia de la república. Además, junto con la estrategia televisiva, experimento que tuvo buen resultado con el “Rock Star” candidato Enrique Peña al gobierno del Estado de México, comprendieron que podrían trabajar exitosamente para las elecciones del año 2012, como, finalmente, resultó.

¿En qué consistió el proceso de socavamiento de la institucionalidad de la república? El ensayo de respuesta puede ir en los puntos siguientes: al convertirse en “fiel de la balanza”, tanto el gobierno del presidente Calderón, por un lado, y el PRD, por el otro, buscaron alianzas con el PRI para avanzar en reformas legislativas. Cuando el PRD impugnó al Consejo General del IFE, el PRI consintió en violar la ley para cambiar al Consejo, al impedir la expiración del periodo de los consejeros. La manipulación del Congreso de la Unión que hicieron los priistas, llegó a tal grado, que se atrevieron a obstruir “las grandes reformas” que el país necesitaba, ya que éstas se harían hasta que ellos recuperaran la presidencia de la república, antes no.

El combate a la delincuencia organizada fue otro de los puntos fundamentales de la acción del PRI. Fue clara la estrategia de señalar “la guerra de Calderón” como responsabilidad propia del gobierno federal, y no de los gobiernos de los estados; a lo que agregaron el tramposo señalamiento de que el presidente, no sólo no se coordinaba con los gobernadores, sino que, además, los acusaba de no contribuir a la solución del grave problema.

La comunicación priista de los gobernadores manejó la táctica de que las cosas estaban bien en el nivel local –educación, salud, vivienda, empleo, etcétera-, y que el problema de fondo se constituía a nivel nacional. El gobernador de Aguascalientes, fue un ejemplo claro de esta estrategia, y, no obstante su pobre desempeño local, decía que “le estaba ayudando al presidente de la república a hacer su trabajo”.

Una estrategia de primera importancia de los priistas fue el manejo de los medios de comunicación; el socavamiento de las instituciones de la república se fue haciendo sigilosamente, teniendo como centro y principal objetivo, la misma presidencia de la república. Aprovecharon el hecho de haber sido los “dadores” de las concesiones de radio y televisión a los empresarios, en los que forjaron -en los más importantes-, una identidad caracterizada por el “rendimiento” hacia los gobierno priistas, que continuó, ya no en la institución presidencial cuando perdieron la elección, sino en el partido político, que les auguró la recuperación de la institución. La orientación de muchos medios de comunicación de radio y televisión se centró en la magnificación de problemas del país, particularmente el de la violencia de la delincuencia organizada, para significar que ni el PAN ni el PRD sabían gobernar.

La experiencia de los desacuerdos partidistas vividos en los pasados años y su resultado en el desarrollo del país, llevó a que, tanto el PRD como el PAN, aceptaran formar, junto con el PRI y el gobierno de la república, el Pacto por México; ha sido un espacio bien utilizado por los priistas, que, con el afán de consolidar un poder gubernamental, “ceden y conceden” a uno y otro partido, aunque sea de manera atropellada, lo que no les significaría merma en el mantenimiento del poder político.

Es así que, ante la necesidad de las reformas fundamentales, el poder priista -ahora en un proceso de consolidación de las instituciones políticas, a su propio modo-, está llevando a los partidos políticos a un reposicionamiento, por encima de la sociedad mexicana.

 

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