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miércoles, febrero 4, 2026

Pensamientos segunda parte/ La columna J 

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“La vida es un paréntesis entre dos nadas, no soy creyente, pero creo en un dios interno llamado conciencia al que tenemos que rendir cuentas todos los días de nuestra vida. Mario Benedetti”

Estimado lector de LJA.MX, con el gusto de saludarle como cada semana, quiero aprovechar esta ocasión para hacer una referencia de un texto que hace alusión a un gran Pontífice. Dicha lectura me extendió una reflexión en demasía en tanto que tomé la decisión de poder plasmar una breve síntesis.

Vivimos en tiempos peligrosos y poco certeros, en los momentos más álgidos de las décadas pasadas, la política mundial cambió drásticamente, desde entonces, ha estado guiada por demandas de carácter identitario. Las ideas de nación, religión, raza, género, etnia, consumo y clase han sustituido a una noción más amplia e inclusiva de quiénes somos, simples personas y ciudadanos en un instante de la historia del universo. Hemos construido muros en lugar de puentes y el resultado es un creciente sentimiento antimigratorio, además de agrias discusiones sobre víctimas y victimarios aunado al retorno de políticas abiertamente supremacistas.

La sociedad busca, pero no encuentra esas causas que logran dar sentido a las comunidades, la constante persecución de lo material aleja a las personas de los diversos puntos de conexión, el ser humano ha construido junglas de concreto y cárceles digitales para entretener a las mentes de las realidades poco alentadoras. Hace mucho tiempo que se dejó de creer en ideas más elevadas, y esta situación impera en la categorización de la indiferencia, en el trastorno de causas falsas. En el preámbulo de la postmodernidad nos encontramos en el relativismo, en el nihilismo, todo recae en el individualismo ante las sociedades desarrolladas, es decir, en un comentario abyecto, el único mundo que importa es el personal, no importa que nos estemos comiendo y acabando a los animales, siempre y cuando nos justifiquemos con que son comida y que nos gusta el sabor de su piel. No importa que exista pobreza, siempre y cuando de manera individual se satisfaga las necesidades impuestas por el neoliberalismo.

Existe una latente descomposición en las familias, y del mismo modo en las escuelas, en tanto que lo que antes era un núcleo, ahora resulta ser un punto de quiebre, tal y como mencionaba el filósofo francés Michael Focault en su libro “Discurso y verdad”. Las instituciones y los gobiernos se han mostrado incapaces de ofrecer núcleos en donde exista la formación y el sentido ético del bien común.

Los métodos de trabajo plasman distancias considerables, los medios digitales han construido una opción deformada de la información, puesto que desvirtúan la objetividad, evidentemente no son los medios, es el uso que le da cada persona. La razón y la ciencia se alejan ante el constante estimulo que existe en el entretenimiento. Durkheim (1991) asevera que las tradiciones y las costumbres se diluyen ante el gran posicionamiento mercadológico de las distintas marcas que imperan en diversos segmentos.

“Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano es intentar sacarse de la cabeza aquello que sale del corazón”

Es momento de retomar el orden y el progreso social, desde la ideología como hacía mención Carlos Fuentes en su obra, las buenas costumbres, en donde existe la virtud y el talento  se logra conquistar el conocimiento pero sobre todo la trascendencia del progreso que claman las masas que han perdido el destello de la esperanza, las leyes de la razón pueden cambiar la tesitura natural, bien mencionaba David Henri Toreau que si una ley es injusta en nuestro deber desobedecer, si nos encontramos de la antesala de un sistema legislativo rebasado, es menester entender que cuando la tiranía es ley, la revolución es orden.

Si se cimenta la educación entonces se está sembrando la posibilidad del orden y del progreso, de poco sirve la paz, se necesita el orden, pero sobre todo se necesita que existan nuevamente hombres de honor que estén dispuestos a darlo todo sin esperar nada a cambio.

“Tenemos menos tiempo que lugares, pero hay lugares que no duran apenas un minuto, y para cierto tiempo, no habrá lugar”.

In silentio mei verba, la palabra es poder.

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