Opinión

Tenemos mucho que revisarnos / Tres guineas

El mecanismo es simple y absoluto: denostar y rechazar todo lo que no concuerde con nuestras ideas. El fascista “estás conmigo o contra mí”.

A raíz del movimiento #MeToo de EU, que se desató después del escándalo de acoso y agresión sexual en Hollywood, 100 intelectuales francesas de diversos ámbitos publicaron un texto en el que estipulan que “La violación es un crimen. Pero el coqueteo insistente o torpe no es un crimen, ni la galantería es una agresión machista”. Estas mujeres insisten a lo largo de su manifiesto en que el puritanismo se ha cobijado con el manto del feminismo para colocar a las mujeres en un estado de “víctimas eternas” de los “cerdos machistas” y que “lejos de ayudar a las mujeres a empoderarse, en realidad sirve a los intereses de los enemigos de la libertad sexual, los extremistas religiosos, los peores reaccionarios y los que creen -en nombre de una concepción sustancial de la moralidad buena y victoriana- que las mujeres son seres ‘separados’, niñas con una cara de adulto, que exigen protección”.

En México, la reconocida académica y feminista, Marta Lamas, apoyó estas declaraciones a la par que pidió mesura, hay que irnos con tiento y analizar en nuestro contexto latinoamericano el tema del acoso sexual, de gravedad y violencia distinta que el de las mujeres en EU y Francia. Sin embargo, múltiples caras del feminismo mexicano no vieron con buenos ojos esta postura. Para ellas, en ese momento Lamas comenzó a “chochear”, dijeron que no podían esperar otra cosa de una académica, burguesa, blanca y llena de privilegios que no comprende cómo se vive la violencia y el acoso sexual porque ella no arriesga el cuerpo.

A pesar de la controversia, Marta Lamas quiso ampliar el análisis del tema y publicó hace un par de meses el libro Acoso ¿denuncia legítima o victimización?, con el propósito de abrir el debate. Pero no ha sucedido. Un nuevo manifiesto pero ahora contra Lamas cerró la posibilidad de diálogo, pues consideran que legitima la “justificación, normalización, naturalización y perpetuación de acoso, hostigamiento, violencia sexual y feminicidios”, y hacen un llamado a que el texto no sea considerado un referente, pues puede “generar algún tipo de jurisprudencia” en contra de las mujeres víctimas de violencia sexual.

El problema -por el momento (atención, mayday, dije por el momento)- no se trata del análisis y estudio de Marta Lamas sobre el tema del acoso, el problema inicial va por otro lado: no la hemos leído. En todas mis redes sociales he encontrado vituperios contra Lamas, desde comentarios en post hasta publicaciones en blogs, así como un sinfín de declaraciones que rezan que “ni de loca la leo”, “no necesito leerla para saber que es una hija sana del patriarcado”, “no voy a perder mi tiempo”, y muchas muchas, infinitas más en el mismo tenor.

El efecto Dunning-Kruger está relacionado con sobreestimar las capacidades y conocimientos que se tienen. Se trata de un sesgo cognitivo que no deja ver a las personas su incompetencia, por lo que están seguras de que todas las demás están equivocadas, menos ellas, poseedoras de la verdad absoluta, no sólo interesadas en dar su opinión y emitir juicios, sino en imponer sus ideas a pesar de que estas carezcan de sustento. Así identificamos a los fantoches en ciencia, arte, medicina, etcétera, sin un ápice de conocimiento pero con toda la seguridad del mundo de hablar de lo que no conocen. El problema con este efecto es que atrae problemas en la cotidianidad de las relaciones interpersonales. La gente que lo padece no puede realizar la autocrítica, por lo que en general llega a conclusiones erróneas, no acepta información diferente a la suya, con lo que mantiene un sesgo y su pensamiento se vuelve tiránico, absolutista y rígido.

Así los múltiples feminismos. Todas tenemos nuestra verdad absoluta. Nos quejamos de que desde la academia se intenta imponer un feminismo institucional y light, pero somos incapaces de debatirlo, nos quedamos las más de las veces en las imágenes bonitas y alentadoras en nuestras redes, pero no tenemos oídos ni entendimiento para las que disienten porque no nos caen bien, unas son abolicionistas, otras radicales, otras católicas, otras lesbianas, somos incapaces de argumentar lejos del sentimentalismo, de la victimización, todo lo vemos como un ataque personalísimo en nuestra contra. La sororidad se queda para ejercerla solo con nuestras amigas, con nuestro círculo cercano, aunque todo el día la mencionemos y hagamos una bandera hipócrita con ella. SORORIDAD, AMIGUIS. La lúcida activista y feminista Dahlia de la Cerda lo escribió mejor que nadie en su red: “El manifiesto contra Marta Lamas logró reunir a feministas tan diversas y antagónicas entre sí, hay firmas radicales, de reinas glitter, lesbofeministas, ni los feminicidios ni las denuncias contra machos acosadores ni las marchas ni el hambre ni el racismo han logrado semejante variedad de mujeres uniéndose con un fin: hacer escarnio a una mujer con la que no se coincide políticamente. Tenemos mucho que revisarnos.”

Porque, repito, el punto no es aún lo que escribió Lamas, seguro ya hay quien la leyó y sacará sus propias conclusiones, erróneas o certeras, malinterpretadas o no, bienintencionadas o no, el punto es que el grueso no la ha leído y ya está opinando, víctimas, sí, del efecto Dunning-Kruger, con su verdad inamovible, con la certeza de que todo lo que dicen y piensan es incuestionable, el mejor macho mexicano lo dijo ya: su palabra es la ley, Marta Lamas no sabe de lo que habla, el acoso es acoso y ya, y que ay de quien se atreva a cuestionarla, pues está en contra de ella. No hay ni un poco de humildad ni autocrítica. No van a leer a Lamas porque es una burguesa académica que goza de privilegios, cuando no se dan cuenta que son los mismos privilegios que tenía la multicitada en memes Simone de Beauvoir, los mismos de Angela Davis, cualquiera de las teóricas del feminismo porque que una mujer acceda a un libro, a educación, a su desarrollo personal y profesional todavía -por desgracia- es un privilegio, esos que solo sirven si ayudan a entendernos desde las ideas, como estas mujeres lo hacen. ¿Neta no queremos analizar qué sucede con el acoso y su visibilización, una de las grandes tareas y victorias de esta cuarta ola del feminismo?

Por fortuna, este efecto tiene solución. El aprendizaje es la mejor estrategia para evitar el marasmo. Aceptar que carecemos de elementos para opinar, que nos falta conocer, que el hambre de conocimiento nos permitirá transformar nuestra visión de la realidad, sin imposiciones ni dogmas, sin distorsiones de las palabras de otras. Nosotras somos la cuarta ola del feminismo, la estamos haciendo, apropiémonos con dignidad de ese estandarte antes que ir por la vida felices, ignorantes de nuestra propia ignorancia, sin saber que no sabemos. Sin entender que no entendemos.

La feminista y activista de la internet Angélica Contreras realizó un llamado: organicémonos y sentémonos a discutir a Lamas y a otras. Destrocémoslas, démosles la razón, quitémoselas. Argumentemos. Abramos el debate. Nos falta mucho por aprender, por atender y disentir. Nos falta por compartir ideas, más que memes.

 

@negramagallanes

 

Fuentes:

https://upcommons.upc.edu/handle/2117/85673

https://www.aacademica.org/000-054/43

 


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The Author

Tania Magallanes

Tania Magallanes

Jefa de Redacción de LJA. Arma su columna Tres guineas. Fervorosa de lo mundano. Feminista.

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