A un año de su victoria, nada que festejar / La columna J – LJA Aguascalientes
26/09/2020


Soy como alguien que busca a ciegas, sin saber dónde ocultaron el objeto que no le dijeron qué es. Jugamos a las escondidas con nadie.

Fernando Pessoa. 

 

En política no gobierna el mejor y ni el más instruido, es un vicio de la democracia, tampoco los tiranos logran permanecer en el decurso del tiempo, es una bondad de la democracia. 

Después de un año de la victoria de AMLO, el país puede vivir de manera directa al menos cuatro crisis que comienzan a desestabilizar, me refiero a la inseguridad, a la situación en el sector salud, el estancamiento que tiene la economía y el tema de la migración

Es muy palpable que lo que se creía saber cada vez se difumina más y más, en cuanto a política se refiere, el ánimo de la sociedad cada vez puede más, pero puede cuando está enojado, aunque no sepa con quién o contra quién, pero, sin duda alguna, puede más que todo, es decir, el poder de la sociedad es más fuerte que cualquier otro. Nos equivocamos en el poder que le dimos al Presidente. 

Económicamente ni siquiera podemos aspirar a crecer un 1%, según los datos aportados por la calificadora J. P. Morgan, si la economía se frena, entonces se frena todo y aún los brazos del Estado benefactor no llegan al límite más básico de la esperanza por México.

Un pueblo enojado está dispuesto a todo, incluso a hacerse daño a sí mismo.

A México le queda una gran generación de jóvenes que son productos de un nuevo sistema y de un entorno globalizado, en el que pretende lo económico y olvida lo inefable, jóvenes que han crecido sin la identidad de un país que puede ser mejor y que está a merced de los ambiciosos y fementidos y que con la realidad que nos azota, el panorama no es alentador para estas generaciones, lo que está haciendo el Gobierno Federal es una seria complicación para los próximos diez años, por lo menos.

 La gente de más edad en este país fue producto de un sistema opresor que se conjuga en el odio y en la nostalgia, las nuevas generaciones se congratulan de no tener odio, pero sí de carecer de valor, no solo es sentirse enojados y condenar 6 años o más, es entender que la realidad, no es lo creíamos saber de la política. El panorama no es alentador, estamos en un momento de polarización, de confusión y también de desesperación.

Quien tiene menos de lo que desea ha de saber que tiene más de lo que vale.

Lichtenberg.

Hemos tenido la peor crisis de violencia e inseguridad que se haya registrado en el arranque los últimos cuatro sexenios, más de 14 mil homicidios y los secuestros prácticamente a la orden del día.

La democracia es importante en nuestras vidas porque ella nos permite tomar decisiones, nos permite generar criterios para la libre expresión, nos da la oportunidad de poder analizar. La democracia debe de avanzar con la participación ciudadana, en aplaudir y criticar, pero también en realizar acciones que trasciendan.

Pero es muy difícil poder aspirar a construir, si también en algo tan básico como la inversión pública y la privada han disminuido en un 11% y la cereza del pastel del comienzo de esta crisis es que la generación de empleos formales se ha desplomado en un 88.2%. De poco sirven los discursos y las ruedas de prensa en la mañana, si la justifica con el simple argumento de decir “tengo otros datos”.

En medio de estas interacciones sistemáticas la corrupción tiene su raíz en el desequilibrio y en la ambición, derivado de esto comienza una total y absoluta batalla de intereses confundidos por el nostálgico sentido de libertad en el cual Andrés Manuel López Obrador se ha perdido.

Como sociedad nos queda desearle lo mejor a México y, por supuesto, luchar y seguir luchando, para que el capitán del barco no termine de hundir este lugar sagrado al que llamamos patria.

No es momento de vacilar, es momento de levantar la voz y hacer esfuerzos individuales que generen algo positivo dentro de esta situación, lo que sembremos el día de hoy, será la cosecha del mañana. A un año de su victoria, ellos festejan, tal parece que su victoria es el reflejo de la estulticia, nada que festejar.


 

In silentio mei verba.

 

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