Mujeres organizadas/ Bajo presión  – LJA Aguascalientes
05/10/2020


La pandemia lo transformó todo, con esa verdad innegable se puede justificar el pasmo en que como sociedad hemos estado a lo largo de este año, desde la incertidumbre que provocan los cambios necesarios en materia política, social y económica hasta la lentísima reacción que genera la espera de una vacuna. Esa sorpresa que explotó en el rostro y nos impide siquiera analizar cómo debe ser la “nueva normalidad” ha sido más extensa de lo que nadie pudo imaginar, al grado que ya también se emplea como pretexto para mantenerse como espectador antes que participar con el único movimiento que puede incidir en la realidad para transformar la vida de todos: las mujeres organizadas.

Unos días antes de que la pandemia alcanzara a México, ellas realizaron las manifestaciones y el paro del 8 y 9 de marzo, por la rapidez con que la enfermedad se esparció en el país, abandonamos el acompañamiento y el análisis de sus protestas. El miedo y las estrategias de los diferentes órdenes de gobierno nos arrinconaron hacia una sola dirección, pensarnos como un colectivo destinado a morir, sólo nos mueve el peligro.

Dejamos a las mujeres a un lado, con la fe puesta en que era mucho más relevante pensarnos como damnificados de una mal superior que borraba todas las diferencias que como sociedad nos mueven a actuar. Sin controversia alguna permitimos que se nos considerara un rebaño y, en unos cuantos meses, hemos permitido que el instinto guíe nuestras decisiones, antes que el raciocinio.

El pasmo ante la pandemia, el miedo por nuestra inseguridad, el reconocimiento de nuestra mortalidad, también fueron empleados por un sector para demeritar a los distintos movimientos de mujeres organizadas, de hecho, las estigmatizamos como feministas para así distinguirlas y transformarlas en el enemigo. 

Concentrar las causas justas por las que las mujeres se organizan y manifiestan en una sola etiqueta impidió que nos reconociéramos en sus motivaciones, desgastamos frases como la justa rabia al transformarlas en descripción de actos vandálicos cometidos por un grupo de personas que no representan al conjunto.

Sin razonamiento alguno permitimos que los medios unieran en una sola frase feministas y agresiones, con el pretexto de informar demandamos a los medios que nos mostraran la violencia suficiente para satisfacer el morbo, no para estar informados; en la cobertura de las distintas manifestaciones rendimos la capacidad de análisis al hipnotizante ritmo de la violencia.

Tenemos un gobierno que es gigantesco en sus malas decisiones y una oposición enana en relación con sus propuestas, reconocernos como colectivo en los movimientos de las mujeres organizadas no es conveniente para quien está en el poder ni para quien se siente obligado a oponérsele por cualquier razón, esos extremos fomentaron la distinción: ellas las agresivas, ellas las destructoras, ellas las irracionales.

Caímos en la trampa, en vez de atender los reclamos que las mujeres organizadas hacen, cuestionamos su representatividad, acotamos sus demandas, estigmatizamos sus reclamos; unos las acusaron de egoísmo al únicamente preocuparse por las necesidades feministas; otros, de manera hipócrita, las alabaron buscando la validación como aliados, para así mantenerse como espectadores.

La nueva normalidad ya nos alcanzó, pero no la realidad planteada en decretos, sino la convivencia con un nuevo virus y nuestras viejas formas de relacionarnos, no por nada en últimas fechas explotan conflictos entre el sistema y las mujeres, que representan el sector más vulnerable por la forma en que estamos organizados.

Mujeres exigiendo justicia que se ven obligadas a amarrarse, encadenarse, ocupar instalaciones de gobierno. Mujeres a las que se les ha respondido con injurias, descalificaciones, ofendiéndolas, antes que intentar comprender que el núcleo de su protesta es el daño que, constantes, nos hacemos como sociedad.

Las tachamos de feministas, separatistas, violentas, histéricas, porque así nos deshacemos de la obligación de comprender sus demandas y lo que de ellas nos incumbe, que es todo, porque son las víctimas que se atreven a exigir lo que les debemos: justicia; si lo logran no serán ellas las únicas beneficiadas, seremos todos, siendo mejores como colectivo.

Coda. En su autobiografía, Elias Canetti escribe: “Ella hacía lo que yo quería, yo hacía lo que ella quería, nos queríamos tanto que siempre queríamos lo mismo”, esas líneas sintetizan lo que siento por Tania Magallanes, de quien hoy es cumpleaños. Muchas felicidades, gracias por permitirme ver el mundo a tu lado y entender, de tu inteligencia me alimento todos los días para intentar hacer un mundo mejor para nosotros. Gracias siempre.

 

@aldan

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Director editorial de La Jornada Aguascalientes
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