Opinión

Aborto: entre lo moral y lo real / Matices

El exministro Cossío analizó un estudio titulado: Aborto: guerra de absolutos y tiene razón, la discusión alrededor del aborto es una guerra de absolutos, quienes están a favor, lo estarán sin que nada les haga cambiar de opinión y quienes están en contra lo estarán de manera absoluta. Ante ese antecedente vale la pena agarrar el debate por los cuernos y pensar que el asunto no es sobre el aborto o no, ahí nadie quiere gobernar las mentes de quienes lo creen asesinato y quienes no lo creen, de quienes creen que desde la fecundación inicia la vida y quienes no lo creen.

Es de dominio público y real que la Iglesia Católica en México y en los países mayoritariamente católicos ha sido la brújula moral del actuar público, esa brújula que nos permite discernir entre el bien el mal. Así se explican los resultados de las encuestas que afirman que en México, la ciudadanía no está a favor del aborto. En el mismo porcentaje está quienes nos afirmamos católicos. Sobre el aborto, hay quienes han querido colocar el tema dentro de una batalla narrativa de enemigos. Católicas contra feministas. Como si no hubiera católicas feministas o feministas católicas, como escribió Toussaint. Ése es el peor de los escenarios, un tema que enfrenta a la sociedad desde una arista que no construye nada: la confrontación.

La discusión alrededor del aborto no es el aborto en sí, Data Cívica proporcionó algunos datos que podrían destrozar los lugares comunes. Las mujeres que abortan tienen mayor nivel académico que las que parieron en nivel medio superior, el 41% de las mujeres que abortaron usaron algún método conceptivo, el 85% de las mujeres que abortan lo hacen por primera vez, es decir, la despenalización no provoca que las mujeres usen el aborto de manera recurrente, las mujeres que abortan tienen más hijos que las que no abortan, el 65% de las mujeres que abortaron se consideran católicas. En conclusión, no es falta de educación sexual, no es falta de uso de anticonceptivos, no es incluso un tema de la religión, es una brújula moral que muchas veces es un asunto personal. No es un asunto de pobres o ricos, de incultos o cultos. Es una realidad y como realidad hay que buscar la mejor solución.



Aunque para los católicos, nuestra brújula moral nos posiciona en contra del aborto, hay quienes tienen una brújula moral distinta a nosotros. Lo que no los hace ni mejores o peores que los católicos, sino simplemente una brújula moral distinta. Y no podemos obligar a que toda la sociedad tenga una brújula moral igual a la nuestra: ésa fue la tentación durante décadas de la Iglesia Católica, legislar, educar y gobernar desde nuestra brújula. Pero en democracia las mentes piensan distinto, incluso dentro de la Iglesia Católica. Yo no puedo legislar y obligar a que las personas piensen igual que yo.

Dicho lo anterior, si mi esposa como católica decide ser madre, tiene derecho a hacerlo y todo el sistema de salud y legal la debe proteger, y en su mayoría, la protege. Sin embargo, alguien que no sea católica y decide no ser madre no tiene la misma protección del sistema de salud y legal porque la brújula moral católica ha predominado en el diseño de este país. En ese sentido, la discusión alrededor del aborto debe llevarnos a garantizar que quien decida ser madre pueda serlo con la mejor de las protecciones por parte del Estado, que ahí también el Estado nos debe mucho, sobre todo en el sistema de salud pública: madres que son ligadas sin su autorización, atención inhumana en cuneros o quirófanos, acoso de doctores, etc. Pero quien decide no ser madre y abortar, por más que mi brújula moral pueda estar en contra del aborto, no puede estar en contra de que una mujer que decide no ser madre, muera porque no tiene la misma protección del Estado, en el sistema de salud y en el sistema penal.

Insisto, la discusión no es si está bien o mal abortar, esa es una guerra de absolutos, sino en el camino de certeza jurídica que se dará a quienes deciden ser madres y a quienes no. Este es uno de los debates de nuestro siglo en todo el mundo. Mi aportación al debate sería leer el texto que estudia el ministro Cossío sobre el aborto y estudiar los modelos en otros países, desde la razón y no desde el hígado, para México:

Por ejemplo, en Alemania el aborto es permitido durante el primer trimestre del embarazo siempre y cuando se hayan agotado los tres días de reflexión con información suficiente, veraz, cierta y estudiada sobre las consecuencias del aborto, en Holanda se permite hasta la semana 24 o el quinto mes de embarazo, en Turquía hasta las diez semanas, en Estados Unidos, en algunos estados se tiene regulación sobre casuística, es decir, si hubo violación, incesto o hay peligro de salud para la madre. Sin embargo, en México se mete a la cárcel a las mujeres que deciden no ser madres. Con este texto no quiero decir que estoy a favor del aborto, ni lo estaré, sino que mi brújula moral no puede ser la de todos y que aspiro a una sociedad de debates con argumentos, ciencia y, sobre todo, empatía. 

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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

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